Arranca la VIII edición del Mes del Compostaje. Una campaña de difusión y educación ambiental descentralizada y horizontal en la que se invita y convoca a la sociedad en su conjunto, organismos gubernamentales, ONGs, Organizaciones Sociales, Clubes, Escuelas y a trabajadores del sector a fomentar, visibilizar y promover la costumbre del compostaje en todas sus expresiones: doméstica, comunitaria, municipal, agropecuaria e industrial.

Es un llamado a la sociedad, a que observemos nuestras costumbres, a que reflexionemos colectivamente sobre los residuos, sobre si la basura existe, si podemos generar una cultura masiva que sea responsable de los consumos. Una economía que cuide, que sea circular.

En la naturaleza todo lo orgánico se descompone en nutrientes, en humus. Se trata de aprender a gestionar nuestros restos domésticos, industriales, los de jardines y parques, patios y balcones, los de la producción de alimentos, los residuos de las industrias.

El paradigma tan esparcido en el mundo sobre Basura 0 es posible y tiene que ver con gestión y consumo. Dentro de la gestión, el compostaje es el milagro cotidiano del planeta en el que vivimos. Sólo necesitamos organizarlo y, para eso, conocerlo y aprender. 

En Argentina hay 5 mil basurales a cielo abierto. Se calcula que, en promedio, cada habitante genera 500 gramos de residuos orgánicos por día. Esto, en este país, significa 22 mil toneladas diarias de nutrientes que tomamos de la Tierra y no devolvemos, los convertimos en contaminación, en liberación de metano -gas estrella del efecto invernadero de nuestra atmósfera-. Efectos de la pereza y la cultura del descarte. 

El compostaje es un arte tan simple que todo el mundo puede hacerlo en su casa, y a la vez el proceso alquímico que ocurre en él contiene el misterio insondable de la vida. Y propone todas estas soluciones: 

  • Eliminar basurales. Al retirar la materia orgánica de los residuos, todo el resto es reciclable o debería ser reutilizado por otras industrias.
  • Crear abonos orgánicos, para huertas, macetas, incluso para la regeneración de suelos degradados.
  • Reducir gases de efecto invernadero. Al compostar en casa se evita que la materia orgánica viaje hasta la disposición final. Kilómetros y kilómetros recorridos por camiones, y la reducción de la putrefacción en los basurales, que también liberan gases, y atraen vectores de enfermedades. 
  • Recuperar lo que es alimento y se está tirando, y compostar lo que es residuo, devolviendo también la dignidad de las personas que recuperan alimento de lo que se echa como basura. 
  • Entrar en contacto con la Tierra. El 93 por ciento de la población argentina  es de zonas urbanas y no tenemos la costumbre de tocar la tierra con nuestras manos. Aprender a compostar te lleva a eso. Te devuelve un poco a la Pachamama, te transforma en un agente regenerativo de la Vida.
  • Comprender la importancia de los insectos, de las bacterias y los hongos, aliados indispensables en la trama de la vida. 
  • Conocer la vida de los microorganismos también nos hace reflexionar sobre nuestra propia existencia
  • Ocuparnos del compostaje con seriedad puede ser el nacimiento de una nueva industria sana, verde. Una industria y un sector esencial de los procesos productivos, domésticos y comunitarios. 
  • Desarrollar estudios, incentivar la investigación, desarrollar una nueva cultura, una costumbre colectiva. 

 
Durante este mes, espontánea y libremente, quienes estamos convencidas y convencidos de que la basura no existe estaremos compartiendo información en redes con los hashtags#LaBasuraNoExiste #YoComposto #MesDelCompostaje 

#SiNosOrganizamosCompostamosTodo siempre arrobando a las cuentas de la campaña. Y nos arriesgamos con la simbólica #CompostemosElPatriarcado, porque creemos que la basura es violencia y la cultura del descarte es patriarcal.

Coordinación de notas con especialistas y adherentes y para recibir más información 

Muchas gracias. Y no se olviden, no alcanza sólo con notas.

Todes podemos compostar, como un hábito cotidiano más.