A apenas un mes de las elecciones en Bolivia, la actual presidenta de facto Jeanine Áñez confirmó su decisión de retirar su candidatura presidencial. La noticia se hizo pública apenas horas después de que una amplia encuesta nacional de intención de voto la ubicara en cuarto lugar, sin posibilidad alguna de acceder a una eventual segunda vuelta.

Luis Arce, el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), viene encabezando claramente las encuestas con una intención de voto de algo más del 40% contra un 26% del ex presidente Carlos Mesa, quien tiene más posibilidades de llegar a un ballotage. La ley electoral boliviana establece que para triunfar en primera vuelta hace falta el 40% de los votos más diez puntos de diferencia sobre el segundo candidato más votado. La fórmula del partido de Evo Morales hoy está superando por algunas décimas el total de votos exigidos, por lo que la decisión de Áñez apunta a trasvasarle algo de su exiguo caudal electoral (10% de intención de voto) a Mesa para que supere el 30% y se pueda garantizar una segunda vuelta donde todos los candidatos derechistas se aliarían para evitar la vuelta al poder del MAS.

“Si no nos unimos, vuelve Morales”, sostuvo la presidenta de facto al anunciar el retiro de su candidatura, afirmando que es una decisión que apunta a “cuidar la democracia”: “Hoy dejo de lado mi candidatura a la presidencia de Bolivia para cuidar la democracia. No es un sacrificio, es un honor porque lo hago ante el riesgo de que se divida el voto democrático entre varios candidatos y que, a consecuencia de esa división, el MAS acabe ganando la elección”.

En un mensaje televisivo, que también fue difundido por redes sociales, Áñez agregó: “Lo hago para ayudar a la victoria de los que no queremos la dictadura y lo hago en homenaje a la lucha que ha sostenido el pueblo boliviano para que se vaya por siempre la dictadura”. Uno de los líderes del golpe contra Evo Morales, el exlíder cívico del departamento de Santa Cruz Luis Fernando Camacho, tiene un 14,4% de intención de voto. Pero la especulación de la actual mandataria es que por lo menos la mitad de sus votos vayan a Mesa, aportando a que la distancia con los votos del ex ministro de economía de Evo Morales sea menor a los diez puntos y se logre el ballotage que buscan todos los candidatos neoliberales.